Los pilares cotidianos para mantener una mente saludable y activa

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Adoptar pequeños hábitos en el día a día previene el deterioro cognitivo y mejora la calidad de vida en cualquier etapa

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Cuando pensamos en el bienestar general, solemos priorizar la salud física o la alimentación sin prestar atención al órgano que controla todo nuestro cuerpo. Sin embargo, la salud cerebral es una de las áreas más olvidadas a pesar de que determina directamente nuestra capacidad cognitiva cotidiana.

Este órgano interviene en los procesos emocionales, sensoriales y motores de nuestro día a día, por lo que su estimulación resulta crucial. Procurar un óptimo cuidado diario es indispensable para asegurar un correcto funcionamiento cerebral y gozar de una mejor calidad de vida en el futuro.

«Cuidar la salud del cerebro empieza con decisiones cotidianas. Una alimentación correcta, un descanso adecuado y mantener la mente activa son hábitos que pueden contribuir al bienestar cognitivo y emocional de las personas a lo largo de la vida. Hablar de salud cerebral es también hablar de bienestar integral, de pequeñas acciones que, sostenidas en el tiempo, pueden ayudarnos a vivir mejor y a procurar nuestra calidad de vida desde el presente», señaló Ana Villarreal, gerente de Bienestar y Nutrición en Nestlé México.

La importancia de la nutrición especializada y el consumo de omega tres

A diferencia de lo que se cree, el deterioro de las funciones mentales no es un asunto que deba atenderse únicamente en la vejez. Adoptar decisiones informadas en la juventud ayuda a moldear un bienestar integral y a crear una reserva cognitiva mediante hábitos cotidianos saludables.

Para lograrlo, la alimentación juega un rol estratégico, aportando nutrientes que las células del cerebro no pueden fabricar solas. En especial, se sabe que los ácidos grasos y ciertos antioxidantes resultan esenciales para proteger la estructura neuronal ante el paso del tiempo.

El impacto del DHA y la correcta higiene del sueño

Dentro de estos elementos destaca el papel del DHA, el cual promueve que las células de la mente mantengan una estructura sumamente flexible. Los niveles adecuados de esta grasa se asocian con un mayor desempeño cognitivo y con un menor riesgo de sufrir pérdidas de memoria.

Por otro lado, el descanso nocturno funciona como un sistema de restauración que va mucho más allá de una simple pausa biológica. Durante las horas de reposo se logra consolidar la memoria, regular las emociones y limpiar las toxinas que comprometen el rendimiento cognitivo debido a la restricción del sueño constante.

Estimulación mental constante y neuroplasticidad

No dormir lo suficiente acumula un déficit de atención que disminuye la rapidez con la que resolvemos problemas cotidianos. Para contrarrestar esto, se aconseja dormir entre siete y ocho horas y evitar por completo el uso de pantallas electrónicas para no alterar la producción de melatonina.

Finalmente, retar de forma constante a nuestra mente estimula la creación de nuevas rutas de comunicación entre las neuronas. Actividades tan sencillas como aprender un idioma nuevo o resolver juegos de lógica fomentan la neuroplasticidad y cuidan de nuestro equilibrio emocional a largo plazo.

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