Recorre el mundo taza a taza este Día Internacional del Café con Civitatis

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Descubre diez destinos imperdibles a través de sus tradiciones cafeteras, desde el tradicional café de olla mexicano hasta el codiciado espresso italiano.

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Celebrar el Día Internacional del Café este próximo primero de octubre invita a sacar el pasaporte para recorrer el mundo a través de los aromas y sabores que definen la identidad de múltiples destinos. La primera parada de este recorrido cultural se encuentra en México, donde el clásico café de olla combina de manera inconfundible la canela, el piloncillo y la tradicional olla de barro en una sola bebida. Con antecedentes históricos que apuntan a comerciantes franceses o al conde de Oñate, el país produce hoy valiosos granos arábigos en estados como Veracruz y Oaxaca, además de contar con la codiciada denominación de origen protegida en el Soconusco chiapaneco.

Continuando la ruta hacia Sudamérica, Colombia se posiciona como el tercer productor mundial del grano y el mayor referente de café suave, destacando especialmente en la pintoresca región de Quindío. Al caminar entre los extensos paisajes andinos, los visitantes tienen la oportunidad de adentrarse de lleno en las plantaciones locales para comprender el meticuloso proceso de cultivo que da origen a una taza caracterizada por su acidez equilibrada y cuerpo medio. Sin lugar a dudas, esta experiencia transforma por completo la perspectiva sobre cada taza que se consume todas las mañanas.

De las leyendas ancestrales en Etiopía a la exclusividad del café de civeta en Indonesia

Para rastrear los orígenes históricos de esta bebida milenaria es indispensable viajar hasta Etiopía, específicamente a las regiones sureñas de Yirgacheffe y Gedeo, reconocidas por concentrar una producción con notas profundamente ácidas. Es precisamente en estas tierras donde surge la famosa leyenda del pastor Kaldi y sus cabras, quienes descubrieron la energía aportada por los frutos rojos del cafeto hace cientos de años. Este fascinante relato dio inicio a una tradición milenaria que hoy en día sostiene la rutina diaria de millones de personas alrededor de todo el mundo.

En contraste con las prácticas tradicionales, Indonesia ofrece uno de los procesos de elaboración más insólitos y exclusivos del planeta a través del llamado café de civeta o kopi luwak. En este singular método, un pequeño mamífero nativo ingiere los frutos maduros para que los granos atraviesen su sistema digestivo antes de ser recolectados, lavados y tostados minuciosamente. Debido a este costoso tratamiento artesanal, una sola taza de este exclusivo producto puede alcanzar un precio cercano a los setenta y cinco dólares en el mercado internacional.

Tradiciones centenarias desde el puerto de Moca hasta las montañas de Jamaica

El recorrido global también permite redescubrir el origen de nombres cotidianos como el «moca», cuya denominación proviene directamente de la histórica ciudad y puerto en Yemen que fungió como epicentro comercial entre los siglos XV y XVII. Aquel grano exportado desde tierras yemeníes cautivó a los mercados internacionales gracias a sus marcadas notas frutales y un fuerte sabor a chocolate que ya era documentado por pensadores del siglo X como Avicena. Así, detrás de cada preparación moderna con chocolate se esconde un legado comercial de valor incalculable forjado a lo largo de los siglos.

Cruzando hacia el Caribe, las Blue Mountains de Jamaica albergan cafetos que crecen a gran altitud entre condiciones húmedas y suelos nutridos con abono orgánico, factores que determinan su baja acidez y sutil sabor a chocolate. Un dato sumamente llamativo sobre esta producción montañosa es que cerca del setenta y cinco por ciento de sus granos arábigos se exporta de manera directa al mercado de Japón, consolidándose como un producto de alta gama muy cotizado en el continente asiático.

El ritual cotidiano del cafezinho brasileño y el icónico espresso en Italia

Hacer una pausa en la rutina diaria adquiere un significado cultural único al sur de continente mediante el tradicional cafezinho brasileño, caracterizado por su cuerpo sumamente intenso y un aroma penetrante. Derivado de la introducción histórica de las variedades arábigo y robusta durante el siglo XVIII, esta bebida servida en porciones pequeñas representa un pilar de la convivencia cotidiana en Brasil. Para cualquier viajero, detenerse a disfrutar de un cafezinho recién hecho es la forma más auténtica de compenetrarse con el ritmo de vida local.

Finalmente, el itinerario concluye en Italia, un territorio que a pesar de no producir café ha dictado las normas globales sobre su consumo a través de la invención de la cafetera moka y la máquina de espresso. En este país europeo existen estrictos códigos sociales, como reservar el cappuccino para las mañanas y disfrutar del espresso tradicional de pie directamente en la barra de establecimientos históricos como el Caffè Florian en Venecia. De este modo, cada parada del pasaporte cafetero demuestra que una simple taza de café encierra historia, geografía y la esencia misma de los pueblos que la elaboran.

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