Vacuna contra el sarampión: Por qué los adultos de más de 50 años no son un grupo prioritario
Las autoridades sanitarias aclaran que la inmunidad natural y los esquemas previos protegen a los nacidos antes de 1970 ante los recientes brotes.
El resurgimiento de casos de sarampión a nivel global ha despertado una serie de dudas entre la población sobre quiénes deben acudir por un refuerzo de la vacuna. Una de las preguntas más recurrentes es por qué las campañas actuales no se enfocan de manera prioritaria en las personas mayores de 50 años. La respuesta radica en una combinación de factores históricos, epidemiológicos y la forma en que el sistema inmunológico responde a esta enfermedad específica.
De acuerdo con expertos en infectología y organismos internacionales de salud, las personas que nacieron antes de la década de 1970 vivieron en una época donde el virus circulaba de manera masiva. Esto significa que la gran mayoría de este grupo poblacional estuvo expuesto al sarampión de forma natural durante su infancia. Al haber superado la enfermedad, desarrollaron una inmunidad permanente que los protege de por vida contra nuevas infecciones, lo que los convierte en un grupo de bajo riesgo.
Inmunidad natural y el contexto histórico de la vacunación
Antes de que las vacunas se volvieran universales, el sarampión era una enfermedad propia de la niñez que casi todos contraían. Haber padecido el virus de forma natural genera una respuesta de anticuerpos mucho más robusta y duradera que la que puede ofrecer el biológico por sí solo en algunos casos. Por esta razón, se considera que los adultos mayores de 50 años cuentan con una “protección de memoria” que los mantiene a salvo incluso en escenarios de brotes locales.
Por el contrario, los grupos que hoy se consideran prioritarios son los niños pequeños que no han completado su esquema y los adultos jóvenes que solo recibieron una dosis o que nacieron en periodos de transición de las vacunas. Para los nacidos después de 1970 y antes de 1990, la situación es distinta, ya que muchos recibieron esquemas de una sola dosis que podrían haber perdido efectividad con el paso de las décadas, a diferencia de la inmunidad natural de sus antecesores.
Riesgos y prioridades en la salud pública actual
La estrategia de salud pública busca maximizar el impacto de las dosis disponibles enfocándolas en quienes no tienen ningún tipo de defensa. Los niños menores de seis años representan el sector más vulnerable, ya que en ellos el sarampión puede derivar en complicaciones graves como neumonía o encefalitis. Al vacunar a los más jóvenes, se crea una barrera de inmunidad colectiva que protege indirectamente a los demás sectores de la sociedad que no pueden ser vacunados.
Aunado a esto, los datos epidemiológicos muestran que la incidencia de casos en personas mayores de 50 años es extremadamente baja. Incluirlos de forma masiva en las campañas de refuerzo no aportaría un beneficio significativo a la contención del virus, ya que su sistema inmunitario ya reconoce al patógeno. La prioridad gubernamental se centra entonces en cerrar las brechas de vacunación en las generaciones que crecieron con esquemas incompletos o nulos.
Situaciones excepcionales para la vacunación en adultos
A pesar de no ser un grupo prioritario, existen situaciones específicas donde un adulto mayor podría considerar la vacunación. Si una persona tiene la certeza de nunca haber padecido la enfermedad ni haber sido vacunada, o si planea viajar a zonas con brotes activos de alta intensidad, es recomendable consultar con un médico. Sin embargo, estos casos se tratan de manera individual y no como parte de una política de vacunación masiva o de emergencia.
Es importante que la población mantenga la calma y no sature los centros de salud buscando dosis que podrían ser vitales para un infante. La recomendación general para los mayores de 50 es verificar su estado de salud general y, en caso de duda, realizar una prueba de anticuerpos si los recursos lo permiten, aunque clínicamente se asume que su protección es sólida debido a la exposición ambiental vivida durante el siglo pasado.
El papel de la información ante los brotes recientes
La difusión de información precisa es fundamental para evitar el pánico innecesario y asegurar que los recursos lleguen a quienes más lo necesitan. Las autoridades recalcan que el sarampión es una enfermedad prevenible y que el enfoque en la infancia es la mejor manera de erradicarlo nuevamente. Entender por qué ciertos grupos quedan fuera de la prioridad ayuda a fortalecer la confianza en las decisiones de los expertos en salud.
En conclusión, los adultos mayores de 50 años pueden estar tranquilos respecto a su nivel de protección frente al sarampión. La historia clínica de las décadas pasadas les ha otorgado una defensa natural que, hasta el día de hoy, sigue demostrando ser eficaz. La responsabilidad ciudadana ahora reside en asegurar que las nuevas generaciones acudan a sus citas de vacunación para mantener los niveles de inmunidad nacional en niveles seguros.
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