Frida Guerrera y la lucha por “Calcetitas Rojas”: Justicia frente a la revictimización
El conflicto entre activistas que reabrió la herida de un feminicidio emblemático en el Estado de México.
El conflicto entre activistas que reabrió la herida de un feminicidio emblemático en el Estado de México.
La escena del activismo en México se vio sacudida recientemente por un fuerte enfrentamiento entre dos figuras públicas: Frida Guerrera y Saskia Niño de Rivera. El conflicto surgió a raíz de una entrevista realizada por Niño de Rivera a Yadira Pichardo, madre de la pequeña Guadalupe Medina Pichardo, trágicamente conocida como “Calcetitas Rojas”. La controversia estalló cuando la entrevista fue presentada como “la verdad del caso”, una narrativa que, según Frida Guerrera, busca limpiar la imagen de una mujer señalada como cómplice en el asesinato de su propia hija.
Verónica Villalbazo, mejor conocida como Frida Guerrera, no tardó en expresar su indignación a través de las redes sociales, calificando el actuar de Niño de Rivera como “un asco”. Para la periodista y defensora de derechos humanos, dar un espacio de victimización a quienes permitieron el abuso y muerte de la menor no solo es una falta de ética periodística, sino un acto que vulnera la memoria de Lupita y el arduo trabajo que se realizó para darle justicia e identidad.
El origen de la identidad de “Calcetitas Rojas”
El caso de “Calcetitas Rojas” es uno de los más dolorosos en la historia reciente de los feminicidios en el Estado de México. En 2017, el cuerpo de una niña de apenas cuatro años fue hallado en un terreno baldío del municipio de Nezahualcóyotl. Durante meses, nadie reclamó su cuerpo y la menor permaneció en calidad de desconocida, siendo identificada únicamente por las calcetas rojas que llevaba puestas. Fue Frida Guerrera quien, movida por la crueldad del caso, inició una investigación independiente para descubrir quién era ella.
Gracias a la persistencia de Guerrera y a la difusión de un retrato hablado, se logró identificar a la niña como Guadalupe Medina Pichardo. La activista no solo ayudó a que el mundo supiera su nombre, sino que se convirtió en la voz de una menor que fue ignorada por su propia familia. Este esfuerzo fue crucial para que las autoridades finalmente detuvieran a la madre, Yadira, y al padrastro, Pablo Rodríguez, quienes fueron sentenciados por el asesinato y el trato inhumano que le dieron al cuerpo de la pequeña.
La labor de Frida Guerrera en el panorama nacional
Frida Guerrera ha consolidado su relevancia en el tema de los feminicidios gracias a su estilo directo y su compromiso inquebrantable con las familias de las víctimas. Su seudónimo, inspirado por su admiración hacia Frida Kahlo y un apodo otorgado en un programa de radio, se ha convertido en un símbolo de resistencia. Ella es conocida por su presencia en las conferencias matutinas del presidente López Obrador, donde ha confrontado al poder para exigir justicia en casos que parecen destinados al olvido.
Su importancia radica en que su labor va más allá de la nota roja; se enfoca en el acompañamiento a las madres y en la investigación de campo que muchas veces las fiscalías omiten. Para Guerrera, el caso de Lupita es personal, pues fue ella quien prometió buscar justicia no solo por el asesinato, sino por el abuso que sufrió el cuerpo de la niña tras ser arrojado a la basura, una promesa que se vio amenazada por la narrativa mediática reciente.
Una discusión sobre la ética y la redefinición de la justicia
Por su parte, Saskia Niño de Rivera defendió su contenido argumentando que su programa “Penitencia” busca escuchar todas las voces dentro del sistema carcelario para entender la complejidad de la justicia en México. Sin embargo, la respuesta del público se inclinó mayoritariamente hacia Frida Guerrera, acusando a la producción de Niño de Rivera de lucrar con la tragedia y de desestimar los hechos probados por los que la madre de Lupita se encuentra recluida.
El debate sigue abierto, pero ha dejado clara la posición de Frida Guerrera como la guardiana de la memoria de “Calcetitas Rojas”. Mientras algunos buscan “redefinir” la justicia a través de testimonios desde la cárcel, Guerrera mantiene que la prioridad siempre debe ser la víctima y la verdad histórica de los hechos. Este choque resalta la profunda división que existe en cómo se debe abordar el tema del feminicidio y la responsabilidad de quienes tienen un micrófono frente a los victimarios.
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