El costo invisible del liderazgo femenino que las empresas aún no están midiendo

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La discusión corporativa debe trascender los indicadores de representación para evaluar el costo invisible del éxito y la sostenibilidad real en la alta dirección

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En el marco del 8 de marzo, la conversación en las organizaciones suele limitarse a cifras cuantificables como el número de mujeres en consejos de administración o áreas estratégicas. Aunque estos avances son necesarios, persiste una variable crítica que pocas empresas miden con rigor: el costo invisible del éxito en estructuras diseñadas bajo modelos de poder lineales y de presión constante.

Para Beatriz Cruz Santana, consejera con más de 27 años de trayectoria en el sistema financiero mexicano, el reto no es solo alcanzar la representación, sino transformar las condiciones bajo las cuales se ejerce el mando. La equidad se queda en la superficie si no se aborda la dimensión estructural del poder en las corporaciones.

Dirigir en la alta dirección implica una combinación de resultados de corto plazo y visión estratégica de largo alcance. Sin embargo, las mujeres enfrentan una presión adicional: la necesidad de demostrar permanentemente que el lugar que han conquistado es legítimo.

Esta realidad ha llevado a Cruz Santana a consolidar una visión donde la competitividad empresarial depende de liderazgos coherentes con identidad y propósito. En su etapa actual, se enfoca en dos vertientes:

  • Profesionalización: Acompaña a empresas medianas y familiares en la creación de Consejos Consultivos bajo estándares internacionales.
  • Alineación Estratégica: Asesora a líderes para construir versiones de mando que equilibren resultados con propósito personal.

En su libro Todas las mujeres que he sido, la autora plantea que hablar de liderazgo únicamente en términos de representación es insuficiente. La discusión debe ampliarse hacia la autonomía estratégica, la negociación del poder y la construcción de límites saludables.

La verdadera sofisticación consiste en decidir qué se está dispuesta a sostener y qué se necesita proteger. Esta conversación, a menudo ausente en los comités ejecutivos, define la permanencia del talento femenino en los niveles más altos de la organización.

Cruz Santana propone que las empresas evolucionen del discurso simbólico hacia métricas sofisticadas que evalúen la rotación diferenciada por género en la alta dirección. También es vital analizar las cargas invisibles de liderazgo y revisar los esquemas de disponibilidad permanente que afectan la sostenibilidad del talento.

El liderazgo femenino no es una narrativa aspiracional, sino una variable estratégica de competitividad. Medir el costo invisible del éxito y profesionalizar el gobierno corporativo son decisiones de nego

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